2 may. 2019

Gillian Welch y David Rawlings, la azada y la cosecha.

1 comentario :

...la parquedad de la instrumentación junto con la profusión de los arreglos acústicos, un conocimiento total y sin compromisos estilísticos hacia la raíz americana donde caben bluegrass, country y blues, incluso pop y rock, y principalmente el gran talento que atesoran, los convierten en los más importantes artistas que han surgido en décadas en cuanto a música de base folk de ascendente apalache se refiere.

Ahora ando obsesionado con la canción Everything is free que curiosamente ha coincidido con la lectura de un par de artículos, uno americano y su réplica en castellano. Textos que desmitifican el éxito de los músicos, de los buenos músicos. Un espejismo pues casi nadie vive de ello hasta el punto en el que no perder dinero es un triunfo, lo podemos hacer extensible a muchos campos. La apariencia lo domina casi todo y el debate casi nunca ha salido a la luz, se da por sentada dicha gratuidad, todo vale. En 2001 Gillian Welch  junto a David Rawlings editaba esta canción inspirada por el efecto Napster que en gran parte destapó esta era digital que forma parte ya de nuestro día a día. En unos versos lo cuenta dando unas pinceladas, se trata de trabajar duro para que cualquiera haga uso de tu obra y al final por el pequeño bote que se haga en el bar de la esquina que con suerte dará para la gasolina, la ilusión puede ser un motor pero no da de comer. No conozco ninguna otra canción que explique tan bien y con tanto tacto y sensibilidad la precariedad del éxito. O quizás una precariedad a la que hoy en día no escapa nadie, seas músico, escribas o seas un currito. Normal que Courtney Barnett haga su versión, es una POM.

Con el empuje de esa canción me apetecía hablar de música, concretamente de la música de Gillian Welch y David Rawlings, y hacerlo en retrospectiva. El tiempo es revelador cantaba la pareja, y a mi me gusta mucho dejar que el tiempo transcurra suavemente entre canción y canción, entre disco y disco. Que me revele sus verdades y me embelese con esos pequeños detalles que me voy encontrando y enriquecen mi relación con la propia música.

Me pasa con no muchos artistas entiéndase que en la actualidad y a unas décadas vista. Me pasa con Vic Chesnutt que un día me traeré en los mismos términos de grandeza, me pasa con M. Ward porque haga lo que haga ya me ha ganado, me pasa con Lucinda Williams también adorada en este exilio porque es la más grande (https://bit.ly/2LiiHQq), y me pasa con Gillian Welch y David Rawlings en cualquiera de las formas en las que se presenten.

Siempre vuelvo a ellos como se vuelve a los favoritos de la vida, me dejo llevar por la dulce obsesión, verdaderamente disfruto mucho la música sumergiéndome de lleno, rastreando cada tracklist en busca de mi siguiente canción favorita, examinando las letras en busca del secreto de su lírica, profundizando en la técnica a la guitarra, examinando la portada, o unas fotos, o un video.

No se trata solamente de la habilidad con la que reproducen estructuras antiguas, si sólo fuera eso estaríamos hablando de una propuesta simplemente revivalista, y no. Se trata de la especial conjunción de ambos. Welch domina el lenguaje del folk, tiene una gran capacidad para transmitir una idea o una emoción sintetizándola en sugerentes imágenes pintadas a base de versos aparentemente arcaicos y aplicados a los grandes temas que nos acucian en la actualidad, ella no alecciona, pero adhiere a cada composición de un grado de lucidez y humanidad realmente alto mientras con su delgado perfil y su arqueada espalda sostiene su gran Guild y argumenta progresiones que nos llevan directamente a Woody Guthrie y a sus adorados Stanley Brothers.

Con David Rawlings no estamos ante un guitarrista al que se le pueda llamar virtuoso, o si, depende de con quien se le compare. Con su inseparable y viejuna Epiphone Olympic del 35 se le puede adivinar el bluegrass de Doc Watson al igual que su querencia hacia su admirado Johnny Marr (si, habéis leido bien) con lineas de guitarra que se desarrollan entre notas al aire y disonancias con las que pisa la modernidad con aplomo, él es de la cofradía del Mi menor y de la sencillez de Neil Young, domina los silencios y las pausas al más puro estilo del jazz modal de Miles Davies al que por cierto adora abiertamente. Un músico con mucho estilo, o mejor dicho con estilo propio, algo que hoy por hoy no se puede decir de casi nadie. Juntos son un equipo perfecto.

No podría aseverar de ninguno de sus discos que es el mejor. Cada uno tiene su espacio en mi esquema musical, con The Harrow And The Harvest mi devoción se apuntaló de manera decisiva, un disco que fue determinante para consolidar mi adoración incondicional. Sin embargo con los años Time (The Revelator) es el que más he escuchado a nombre de Gillian, y Nashville Obsolete el correspondiente a nombre de David. En todo caso llegan donde tenían que llegar y encapsulan la idea de que el folk puede subsistir en la actualidad sin perder su esencia primitivia. Y eso es muy grande.

Con todo, a la hora de recomendar unos discos he preferido irme por los márgenes, incluso a través de discos de otros y algunos bootlegs.

Boots No. 1: The Official Revival Bootleg (2016)
Empiezo este repaso desde el principio pero con un poco de trampa con este bootleg editado hace pocos años. Revival fue el debut de Gillian Welch y David Rawlings, uno de sus discos menos conocidos confeccionado a la medida de T. Bone Burnett que aplicó su country estilizado y de etiqueta al estilo que Eilen Jewell ha hecho suyo los últimos lustros. En parte, pués aquí empiezan ya a mostrar sus postulados de folk avanzado en las canciones que pudieron zafarse del inefable Burnett. Pero me inclino a recomendar este bootleg official generoso en cuanto a canciones entre inéditas que aparecerían oficialmente más tarde como Red Clay Halo, demos casera deliciosas como la inicial Orphan Girl y versiones alternativas en las que llevan aquel repertorio al folk austero que desarrollarían con más profusión con los años. Que no os engañe su condición de disco menor porque hay mucha grandeza en cada uno de los cortes. 

Live & Obscure (1999)
Otro bootleg y no será el último en este repaso. Hay varios momentos en este directo no muy conocido que explican muy bien quienes son y hacia donde querían ir. Aún no habían conseguido la amplia popularidad que la película O Brother les facilitaría. La versión del mítico Billy de Bob Dylan lo dice todo, explica que lo del Nashville Obsolete no fue de rebote. Pero es que además se marcan un excelente Alburqueque de nuestro Tito Young y entre otras de su puño y letra interpretan de manera exquisita clásicos como Long Black Veil o el Pancho & Lefty del maestro Townes Van Zandt. Ellos tienen claros sus santos y mártires. Un disco para iniciados, una maravilla que tal vez sólo puedas conseguir en formato digital, aún así vale su peso en oro.

The Destroyer Sessions (2000)
Heartbreaker del (ahora) malogrado Ryan Adams fue el disco que me puso en el mapa a Welch y a Rawlings. Desde entonces se han ido haciendo un hueco en mis preferencias musicales. Perfectamente podría haber elegido aquel debut brillante y conocido por todos, pero me decanto por este bootleg no muy conocido que sirvió de puente a Adams entre Whiskeytown y su carrera en solitario. Atención a la versión que se marca de la canción escrita por Welch: Revelator. Brutal. Un pirata de sonido perfecto aunque con las evidentes carencias de un disco por producir. Para muchos un pirata como éste sería su mejor disco oficial.

Time (The Revelator) (2001)
El que más he escuchado a su nombre en dura pugna con The Harrow & The Harvest. Totalmente inspirado tanto en la grabación como en la composición de las canciones. Es el disco que acumula mayor número de POMs, la grácil Revelator, la visionaria Everything is free, inspiradísimas Elvis Presley Blues y I Want to Sing that Rock and Roll. Un disco que los define muy bien, música folk de su tiempo que empapada de su interpretación melancólica y a ralentí nos cuenta en un tono agridulce las contradicciones de una cultura que nos ha dado tan buena música. Como leí en su momento en numerosos tabloides, un disco de folk que no suena a folk.

Spooked (2004)
No soy un seguidor de Hitchcock, artista al que puntualmente me acerco cuando los amigos exiliados me recomiendan el disco que se tercie. Pero oh! este desconocido disco del inglés es una auténtica joya desconocida para el común de los mortales. A Spooked me acerqué en mi afán completista por saber que podrían haber hecho mis folkies favoritos. Una sociedad que da como resultado un disco de pop acústico con toques de pop psicodélico. Una exquisitez producida por Rawlings, una auténtica maravilla desconocida por la mayoría de seguidores de ambos artistas

The Sweet Harmony Traveling Revue (2004)
Esta recomendación es como una cara B. La mítica Emmylou Harris no sólo se postra ante composiciones de Lucinda Williams, sino que además en esta gira se hizo acompañar por nuestros protagonistas en aquellos años en los que cabalgaban la cresta de la ola por la inercia de la celebérrima BSO. Welch y Rawlings aunque no muy prolíficos con sus carreras discográficas respectivas, se fueron convirtiendo con los años en artistas de otros grandes artistas, imprescindibles para cualquier proyecto que se desarrollara en estas latitudes sonoras y que en esta gira ejercieron de retaguardia de lujo encima de las tablas para la mítica Harris.

Big Iron World (2006)
No se que puñetas estaba escuchando yo cuando salió este disco, porque que tiene (atención a la afirmación... redoble) la mejor canción folk protesta que se ha grabado en este siglo (con el permiso de Billy Bragg), así a lo burro lo digo y no es ni más ni menos que I Hear Them All, escrita entre Secor y Rawlings, una de tantas como James River Blues, otra maravilla. No sé si lo he leído en boca de Rawlings quien produce el invento, o lo he soñado, pero diría que de querer estar en un grupo a David le hubiera gustado estar en éste, sociedad que cuenta además con su nada desdeñable disco de debut. Para el tercero OCMS ya saltaron al prestigioso Don Was, pero para mí aquí tocaron el cielo.

A friend of a friend (2009)
Faltaría. Nashville Obsolete se recordará como el mejor disco de la pareja y difícilmente superable mientras no demuestren lo contrario. Pero ojo, este disco es cada vez más impepinable para el que aquí os escribe. Un disco con aparente informalidad y despreocupación, con poca producción y que ha pasado como una obra menor tal vez por contener algunas versiones poco relevantes para parte de la crítica, como el To Be Young a pachas con Ryan Adams. Pero ojo!, es una auténtica maravilla del folk de nuestros días, o si preferís de la música americana de las últimas décadas. Imprescindible si es que os gustan la sonoridades acústicas de raíz añeja y espíritu libre. Aquí esta la semilla del folk orquestado que su último disco desarolló. Oh Ruby! un clásico instantáneo.

En este particular repaso acentúo su trayectoria más que descubrirla pues me dejo en el tintero el nada despreciable Hell Among The Yearlings y Soul Journey que tiene su más celebérrima Look At Miss Ohio, el disco que menos gusta a la crítica aunque ojo, Greg Leisz anda por ahí y eso es un plus. El ya mencionado The Harrow & the Harvest que ya reseñé en el espacio propio (https://bit.ly/2GX6JHO). También el referenciado Nashville Obsolete reseñado en este Exile por Joserra Rodrigo (reseña que aconsejo leer: https://bit.ly/2GTFTjA) y el más reciente Poor David's Almanack reseñado por Nikochan (pasen y lean háganse el favor: https://bit.ly/2vrzp5d) otro disco considerado menor y que en los últimos tiempos y fuera de la rueda de la novedad me está gustando muchísimo, pués sin aspirar a decir nada nuevo ni a acapar la atención de nadie, de manera relajada ofrece un catálogo de música de raíces americanas realmente exquisito que no hace más que agrandar una discografía impoluta, y con Cumberland Gap y Guitar Man, dos clásicos instantáneos al alcance de muy pocos artistas. Ni que decir queda que lo que más me gustó de los Oscar y de la última película de los Coen fue su canción.

La parquedad de la instrumentación junto con la profusión de los arreglos musicales acústicos, un conocimiento total y sin compromisos estilísticos hacia la raíz americana donde caben bluegrass, country y blues, incluso pop y rock, y principalmente el gran talento que atesoran, los convierten no sólo en una de mis propuestas musicales favoritas, sino además en los más importantes artistas que han surgido en décadas como mínimo en cuanto a música de base folk de ascendente apalache se refiere. Dos artista que sin prisas, con coherencia, sencillez y humildad agrandan a cada paso una de las carreras musicales más interesantes y auténticas de la actualidad. Hoy puede ser un buen día para que descubras a estos artistas si no los conoces, o descubras alguna joya si ya eres un iniciado. El tiempo es revelador.

Por Chals Roig

Gillian Welch y David Rawlings, la azada y la cosecha. // por
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1 comentario :

  1. He tardado mucho en sumergirme en este texto. El primer párrafo es una declaración de humanidad redactada por un ser humano valiente y cabal. El resto una diatriba sobre la pureza que debe anidar en el amante a música.
    Mi más sincera enhorabuena, esto es de lo mejor que he leído en cuanto a música y sensaciones. Gracias Chals.
    Los protagonistas del post, son maravillosos también.
    Un abrazo.

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