Grace - Jeff Buckley (1994)


Hace veinte años de ese estúpido accidente. Quién sabe lo que pasó en aquel río y qué nos importa si al final todo tuvo un sentido. Las aves más bellas del humedal están para contemplar cómo se desvanecen en la distancia dentro de la visión bella del rayo que las atraviesa, casi sin enterarte. Su propia corriente las lleva allá donde no sientan el dolor.

Recuerdo noches de insomnio escuchando tus directos en París, pensando cuál sería el misterio que me hacía estremecer entre ese olor a sábanas recién cambiadas. Me apetecía rezar mientras te escuchaba pero no me era necesario recordar las oraciones de mi infancia. Bastaba escucharte en silencio. Sentía así el eco del mármol de las catedrales góticas y las luces policromadas de sus vidrieras resplandecer pero también cierto tufo a burdel o cabaret, aquellos donde una buena lista de chansonniers que te precedieron, desnudaron sus miserias y su talento. Me recordabas mucho a tu santo padre.

Tu Grace eres de la familia de Astral Weeks, del Blood On The Tracks o del A Kind Of Blue, perteneces a los planetas independientes, inclasificables, que no aceptan el rubor, la medida, la contención pero que no son vergonzosos, desproporcionados ni descarados. Fenómenos sobrenaturales hechos de retos inexplicables. Y quiero saber lo que hoy me cuenta Grace, veinte años después de tu muerte que parece fue ayer, justo esa es la edad que tiene mi hijo. Y escucho el mismo quejido profundo en Mojo Pin y unos desarrollos dignos de los Zepp del III y una síntesis de un tipo de discos muy favoritos tuyos como el The Lamb Lies Down On Broadway de Genesis. Y en Grace una cabalgada de guitarras, deudoras de nuestra Joni, amplían la letanía hasta los límites que pareció dejar inexpugnables la Cyprus Avenue. El bajo sinuoso marca la pauta en la sublime Last Goodbye donde continúan en caída libre un tropel de emociones difíciles de racionalizar. Como si fuera un grunge melódico (eran tiempos de nirvaneo) creaste un estilo en ti mismo que quien quiera copiarlo tiene firmada su partida de defunción inmediata. Los hay que crean un género y con ellos se empieza y acaba. Uno de ellos eres tú.

La versión traída vía La Simone del Lilac Wine se erige por si misma en una de las interpretaciones de la existencia, al igual que el Hallelujah de Cohen. Cuando entran las escobillas de la percusión acontece el milagro: interpretar sin previa evaluación de riesgos, sin cinturón de seguridad alguno que no sea al simple sentir del corazón. Hay unos agudos tan finos como el cristal de Bohemia como los de Teresa Salgueiro de Madredeus pero en masculino; difíciles de modular pero tremendamente emotivos.

So Real pasea por los callejones de una desolación que no llega a asfixiar hasta su tremendo final de frenopático, de nuevo tan Kashmir. Pero tras un suspiro audible llega un arpegio muy Scritti Politti del credo del rabino Cohen ya rescatado para la eternidad por John Cale y a obrar la masterpiece, a robarle el tema para siempre a su autor.

Tras una escalofriante acordeón que recuerda al Swordfishtrombones del tío Tom Waits, la cadencia de vals acústica indica majestuosa que entramos en tu mejor canción ever: Lover You Should´ve Come Over. Una staple a añadir al blue eyed soul, donde Tim Buckley, Terry Reid y Robert Plant, son el padre, el hijo y el espíritu santo. Y unos coros te hacen levitar y entrar hasta la cocina del paraíso de la verdad. Construida con un crescendo descomunal, esta gema se convierte en la pieza más representativa de su propio soul. La muy castrati Corpus Christi Carol te hace pensar en el privilegio de estar un día solo caminando por los Museos Vaticanos. Esta es la fase del disco más recogida y de descarnada confesión.

Vuelve la demencia grunge con Eternal Life y un rollo muy Jim Morrison y Doors en Dream Brother. Me viene ahora al pensamiento de que para muchos melómanos es un disco sobrevalorado y pienso que llegan a esa conclusión porque Grace no es cómodo y discurre por caminos embarrados y tortuosos. Le pasa un poco como al Physical Graffiti o al Lorca de su padre. Una vez que tienes las botas llenas de tierra mojada por haber hecho su ruta, el esfuerzo compensa. Sobre todo porque aunque ahora, con sus reediciones infinitas, le han tratado de limar asperezas, rematando el set con una especie de visión desde la cumbre, la espléndida y amable Forget Her, el Grace se parió como lo que es: un tratado sobre la complejidad de un alma atrapada por los cilicios del más inmenso amor.

Y en Grace, además, jamás lo olvidemos, tenemos encerrada en todo su esplendor a una de las voces-alma más impresionantes que han habitado la faz de la Tierra.


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