Paul Simon, Bilbao, BEC, 17/11/2016

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Tras la semana más dura de la existencia en cuanto a pérdidas de músicos excelsos y queridos-Leonard Cohen-Leon Russell-Mose Allison-este concierto cobraba aún todavía más sentido.
Cuando mi amigo Gari me preguntó nada más salir las entradas, son muy caras, tercera fila, pero pillamos? Dije que un sí instantáneo.

No tenía ninguna duda de que algo haría para conseguir los 100 € que costaba la entrada de marras, algo que he pagado sólo por Tom Waits pero a Paul había que ir a verlo y escucharlo.

Aunque sobren las razones sentimentales y de amor a sus canciones, era ver en movimiento y creando a uno de los orfebres de la canción americana de los de los dedos de la mano, sólo Bob, Neil y Joni pueden sentarse en una partida a este difícil juego con este pequeño gigante, lo que más me interesa es su continua investigación en ritmos, sonidos y cachivaches, en seguir sorprendiendo, en mantener el pulso de las cosas fresco como la versión suya en el sur de su Continente, Caetano Veloso.

Había tenido una mañana de trabajo dura, apuntada en el dietario desde hace muchos meses, como el concierto y quería disfrutar de ese placer de haberme quitado una responsabilidad de encima escuchando al Ilustre de Newark NJ y destensando tensión en la mejor de las compañías.

No me gustan los hangares para conciertos por su asqueroso eco pero no había otro remedio, el espectacular escenario llenos de instrumentos, muchos raros y atrezzo, la verdad es que asustaba ya en su belleza estática.

No empezó muy bien, muchos huecos en gradas y delante (los precios y la falta de reconocimiento de las nuevas generaciones a los padres del invento)  ya que estaba empastada la orquesta porque para el de la mesa sonorizar semejante música del paraíso tiene que ser todo un reto pero poco a poco fue mejorando, curiosamente no en la voz angelical y casi perfecta de Simon desde el minuto uno, si no en el conjunto de los extraordinarios músicos que le acompañan.

La combinación de temas de Graceland, con clásicos del famoso dúo con el rubio, y perlas de sus primeros discos en solitario y las 3 más representativas de su nuevo Stranger To Stranger, funciona perfecta como una fiesta porque todo es música de oro, vistosa de ver y tocar, que te da mucha añoranza de esos montajes musicales de antaño que eran pro y que ahora, de la nueva generación pocos se pueden permitir ensamblar ( qué pena que no pude ver a P J Harvey!)

Recordé a Cohen hace años en el mismo lugar, diamante tras diamante.

Nostalgia de poliritmos, de diferentes voces y sorpresas en todos los rincones de los desarrollos para siempre parar en ese diamante en bruto que es escuchar el rasgueo de su Martin y su voz de miel y vista en blanco y negro de Manhattan.

Él llevó a otro estadio el folk del Village escuchando a los Beatles, al Gospel y a los Everly y todo eso es Historia, viva, amazónica e inabarcable.

Quiero destacar varios momentos del concierto y sobre todo una cosa por encima de todo: el amor que demostró por sus canciones, el respeto con el cambio -cambiar los tonos es siempre una señal de profundo amor, eso quiere decir que las canciones te dan besos frescos cada noche nuevos y reafirmantes por mucho que se atisbaba un estiramiento en su cara tan falso como el de Jackson Browne.

Las de Graceland inmensas, todas, destacando la fusión nuclear de Diamonds on the Soles Of Her Shoes con un himno ochentero como es You Can Call Me Al, con esa línea de vientos salsera, tonta y adictiva que te toca la fibra y te anima a mover el bullarengue.

De hecho eso pasó, Paul animaba a venirse arriba al respetable y la gente pasó de estar sentada, no respetando sillas y precios pero sinceramente, a mi me dió igual, era entendible, luego ya volvería todo a su cauce para luego desparramarse de nuevo, como es lógico. Las distancias con ese show no valen y en la cercanía es donde te llegaba el calor.

Las perlas pues cómo no: 50 Ways To Leave Your Lover, America, Still Crazy After All These Years, Homeward Bound, mi favorita del lote un Duncan estratosférico precedido por la coda instrumental de El Cóndor. Dos obras maestras como son The Sound of Silence y Bridge Over Troubled Waters, así como que no quiere la cosa. Descubrir cosas maravillosas de nuevo en Cool Cool River y ver que es mingusiana o del nuevo el vacile y palmeo de Wristband. Volver a emocionarse con The Boxer por sus diferentes inflexiones vocales...

Y lo dicho, un tremendo lujo, el precio de la entrada por supuesto (también hay vinilos que cuestan 40 pavos) pero lo que se ofrece también por lo que  estamos hablando de algo proporcionado. No hay conciertos tan espectaculares y brillantes como éste todos los días.

Y si me tengo que quedar con un momentazo de todo el concierto, el más soul, ese fue cuando repitió dos veces I will confort you tocándose el pecho con ambas manos en el Puente Sobre Aguas Turbulentas, como llaman/aban a ese disco nuestros hermanos mayores o padres, según de qué año seas y en realidad, lo repitió porque es para lo que él trabaja y para lo que sirven canciones tan inmensas como las suyas.

Han sido dos horas pasadas muy hermosas querido Paul.

Gracias gigante, Jobim de NYC, por reconfortarme tras una semana tan dura como la pasada y por llevarme de nuevo a tu brillante y exclusivo delta.


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