The Libertines - Anthems for Doomed Youth (2015)

1 comentario :

Lo primero es lo primero y en esta ocasión no és "¿dónde está el cagadero?", que decía aquel. Cuando sonó que, puestos a no trabajar con Jones como en los anteriores trabajos, el productor de este nuevo artilugio iba a ser San Noel la cosa no dejó de parecerme apropiada (a mi no me gustan nada -pero nada de nada- Oasis, pero el negar que el tipo es como un vademecum del pop inglés resulta un poco partirse el coxis contra un muro porqué sí), sin embargo -y al derogarse el tema- cuando trascendió que, finalmente, el encargado sería Jake Gosling, conocido por su trabajo con famosos jovenzuelos de triunfitos a la inglesa, la cosa se tornó cuanto menos "sospechosa"... Bah, "solo es el productor"... Y mejor encerrarnos en esa lectura, desde luego. En cualquier caso, por suerte y a la postre, ya podemos afirmar hoy que todo ello no pasa de lo meramente anecdótico, thanks god. O no tiene auténtica relevancia en lo musical, si se prefiere. Las doce canciones de "Anthems for Doomed Youth" ("himnos para la juventud condenada" y que se quedan tan anchos) si bien resultan, así de primeras voladas, más "limpias" y menos combativas que antaño mantienen de forma ubicable el desparpajo y las rupturas de cadencia que les caracterizan. O al menos mientras les interesa, pues (cosas de ir madurando y tal) tenemos aquí algunos mid-times de esos que crecen a fuego lento con piano y/o sección de orquesta incluso que, aún siendo lo menos en el disco, son lo que más les aleja de los momentos más recordados  de sus inicios (lo que es tan bueno o malo como uno quiera, que -ojo-  hay algunos momentos reposados en este álbum que, para mi al menos, puntuan entre sus grandes activos). Toca ahora despejar, cuanto antes, lo para mi peor del trabajo (y con holgura): el single de adelanto a fin de vender la burra cuanto antes y que, contrariamente, podría resultar elemento de dispersión para algunos... "Gunga Din" de título. El tono inicial puede engañar,  que mola y hasta me recuerda a algún momento del "Rise & Fall" de los Madness (why not?), pero después, ay, se desdobla ello en un barato estribillo de esos chupi-joviales a lo Artic Monkeys (con sus "la-las" ulteriores y todo), lo que en esta banda no es lo que esperamos ni queremos. Sobre esta banda pendía el esbozo del susurro (solo admitido en pequeños círculos de mucha confianza)  de que quizá, y aunque solo "quizá" sea, resulten ellos al fin lo que se estaba esperando desde Morrissey y cia: una banda británica de manual que, sin inventar nada, posea a su vez una personalidad y un estilo propio por abrazar más allá de si en el disco que toque les quedan "x canciones" mejor o peor y que lograba juntar crítica y público al máximo nivel. Sin gestos torcidos ni mandangas de a granel... Pero al loro, nadie se espante con el sencillo de adelanto, eso sí y sigamos con el trabajo que nos ocupa. Maxime porque, una vez despejada la derrapada de la ecuación, nos enfrentamos a un resto de disco que oscila, todo él, de lo interesante como mínimo a lo bastante bueno (y, puntualmente incluso, a lo muy bueno). 

Y así, tras lo escuchado del mentado adelanto y lo estereotipado y recurrente de ese empezar del primer tema, "Barbarians", uno ya se espera lo peor y va preparando el discurso de "qué pena esta gente con lo que podr..." y entonces, ay caray, cambia la cadencia y estas en medio del puñetero "All mod cons" jamero. Pues muy bien, oiga. Cae de seguidilla "Gunga Din" sobre la que ya me he manifestado... Y que por suerte queda rápidamente superada por ese single en potencia, dudo que no lo sea, llamado "Fame and Fortune" que si es más kinky en su melodía y recitar se cae de culo. Muy chula, vaya, pero es entonces cuando reparas en la ausencia de la añorada bilis mal lechosa y ya van tres canciones... Volantazo y sin problema de nuevo. Es ahora cuando la nueva madurez en lo musical, ya asumida y asimiliada, se viste de largo con el tema titular del disco, "Anthems for Doomed Youth". Magnífico y reposado tema que me recuerda por momentos a la "Swingin' party" de los Mats lo mismo que a la "Saturday night" de Suede, y bien por ello mientras caemos en la cuenta que Doherty y Barât están más por cumplir los cuarenta que por acabar de llegar a la treintena (y muy sutiles guitarritas, desde luego, por ahí en medio y a traición). Esas "nuevas posibilidades" para su música encuentra, además, inmediato parangón en la inmediata "You're my Waterloo", donde está ese piano y hasta secciones de orquesta que antes mentaba. Bastante bonita, algo así como el peaje maccartneyano que todo buen disco de pop-rock inglés debe integrar... aunque admito que de aquí hasta el final es una de las dos que menos suelo recordar cuando termino el álbum. Le toca a "Belly of the beast" y su saltarín ritmo, sin estridencias, que es puro Smiths (que antes los mentábamos y mira por donde salen) hasta llegar a un estribillo como bastante invencible que acaba por configurar del todo uno de los pasajes más brillantes del disco. "Iceman" vuelve a bajar octanaje, con su acústica y oleaje de fondo en la entrada (parece que vaya a cantar Bragg !), y así se mantiene en buena medida... Para ir creciendo tímida pero claramente hasta concretarse en un todo que no es sino el enésimo expol... homenaje, sorry, al Sr. Davies. Buena de cojones en cualquier caso y con algún que  otro momentón del disco en las cuentas propias. Aunque, eso sí, llegamos ya a mi momento predilecto del disco con este díptico compuesto por "Heart of the Matter" y "Fury of Chonburi". Que, no nos engañemos y se confiesa sin problema (y aunque acepte de verdad y sin cortapisas esos "nuevos virajes más maduros"), es lo más parecido a lo que se esperaba desde el primer minuto que se supo que estos cuatro iban a realizar un nuevo elepé. Esto no merece más explicación: buena la segunda y cojonuda la primera que me pasa a engordar directamente, y sin posible debate, la lista de temas favoritos de la formación. Las sigue la nuevamente más apagada pero también bonita "The Milkman's Horse" con nuevo crecendo en pos de la épica postrera y que, sin dejar de otorgarle su justo momento de gloria (no se incurra en el ninguneo, please), es la otra en la que menos me detengo en el "random mode". Aunque, ojo, quizá se deba ello a que lo que sigue, "Glasgow Coma Scale Blues", podría haber logrado un hat-trick imparable de no haberse metido el jamelgo del lechero por en medio... Otra de las más movidas y putámicas, de las más "libertines old scholl" si prefieren (y muy claramente además). Sea como fuere, no hay sinsabor que medie y la sentida, por momentos espectral,  despedida con la magnífica "Dead for Love" nos deja satisfechos y ganas de más a la vez.


Resumen para haraganes y/o gentes con prisas. Doce canciones:  una que no da la talla para su nivel habitual, dos que valen pero no enamoran y un resto a atesorar, en distintos grados, que no hacen sino devolvernos a una banda que quiere y sabe adentrarse en nuevos territorios (para ellos) sin por ello incurrir en falta de identidad que valga. Notable, plausible regreso (que además oferta como al menos  media docena de zarpazos incontestables) y aunque "se nos hayan hecho algo mayores", en definitiva postrera (ley de vida). Eso sí, once años más los espera su señor padre. 



The Libertines - "Anthems for Doomed Youth" (2015) : 7'5 / 10
01. Barbarians/ 02. Gunga Din/ 03. Fame and Fortune/ 04. Anthem for Doomed Youth/ 05. You're My Waterloo/ 06. Belly of the Beast/ 07. Iceman/ 08. Heart of the Matter/ 09. Fury of Chonburi/ 10. The Milkman's Horse/ 11. Glasgow Coma Scale Blues/ 12. Dead for Love.




Por Guzz.

1 comentario :

  1. Básicamente coincidimos en la valoración de este disco, a mi no me desagrada del todo el single aunque si me parece la peor del disco, esos dos bombazos que aludes también son lo que más me gusta junto a Iceman que tiene una letra que me gusta mucho y el sonido como digo en mi reseña, pues más actual y amortiguado, pero un disco que se disfruta superbien.
    Esperemos verlos en vivo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar